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jueves, 6 de marzo de 2014

LA HISTORIA DE MI VIDA



Me ha costado mucho tomar esta decisión. Cuando comencé con mi blog mi primera idea fue la de contaros mi vida pero sentia miedo ponerme al descubierto ante tanta gente.  Hoy ha llegado el día pues siento que con ella quizá pueda ayudar a otras personas.

Recuerdo una vez en la que un sacerdote, intentando contarnos lo que era "la cruz personal", nos dijo " había un hombre que le pedía a Dios que le quitara su cruz, pues no podía con ella, era demasiado pesada y el hombre iba siempre cabizbajo, estaba triste y agotado... 

 Un día se lo comentó a su confesor, este lo invito a subir a una habitación donde habían miles y miles de cruces y le dijo a este hombre que las fuera probando y que se podía quedar con la que menos le pesara. El hombre asombrado ante tanta cruz, hizo caso a su guía espiritual y fue una a una probando todas las cruces... con ninguna podía, todas eran demasiado pesadas. Cuando termino le dijo, Padre¡ no puedo soportar el peso de ninguna de estas cruces¡ entonces, el Sacerdote le indico que faltaba una cruz que no se había probado, el hombre corrió hacia ella, se la puso en el hombro y con alegría le dijo: Padre¡;  quiero esta¡, con ella si puedo¡. El confesor se acerco regalando le una gran sonrisa y le dijo: "Hijo mío me alegro que puedas con ella pues esta es la tuya"...



De esta manera tan pedagógica nos explico el Sacerdote que Dios nunca te da una cruz superior a tus fuerzas pues con la cruz te regala la gracia para poder llevarla.

Nací en el seno de una familia humilde pero sobrante de Amor, y cariño. Mis padres se desvivían por sus dos hijas, recuerdo los días que mi padre me llevaba al monte a corretear y cojer amapolas mientras mi madre hacía la comida. Yo corria  como el viento entre las amapolas, los trigales y las demas flores silvestres, las arrancaba para hacer un ramo y llevarlo a mi madre, pero en el momento que las metía en el coche las flores morían, recuerdo que sentía pena por ellas y me dí cuenta de que no debía arrancarlas de su hogar, donde crecían y alegraban a todo el que por allí pasara. Aprendí a respetarlas , las acariciaba, les hablaba y les dije que nunca mas las arrancaría del resto de sus seres queridos, me gustaba ver las amapolas como movían sus frágiles pétalos guiadas por el viento. 


Mi padre era y es, un hombre muy cariñoso y para mí era el que todo lo podía , mi seguridad, es una persona muy imaginativa y por las noches siempre me contaba un cuento, inventado por el, sobre frutas que hablaban, animales, fresas y helados que se disputaban el cariño de los niños etc...

También escribía poesía y novelas y a sus ochenta y tres años sigue haciéndolo aunque este atado quince horas al día a una maquina de oxígeno. Ha sido un gran luchador, prefería comerse un bocadillo literalmente hablando, para que a nosotras no nos faltara de nada. 

Hemos estudiado, vestíamos con la ropa que nos hacía mi madre y nos sentíamos super orgullosas. Yo siempre era la que mas lata le daba pues quería llevar algunas marcas que llevaban mis amigas y recuerdo a mi madre decirme: este mes no puede ser pero al siguiente te lo compro y así era.

Desde muy pequeña tenía terrores nocturnos, soñaba con un toro ensangrentado que me perseguía aunque nosotras nunca fuimos a una corrida de toros pues mi padre estaba totalmente en contra de hacer sufrir a un animal por pura diversión.
Soñaba con la bruja disfrazada de lechero que venía en su bicicleta y me llamaba para que me montara con ella, mi madre me invitaba a ir con ella y yo me agarraba con fuerza a su abrigo, pues sabía que era la bruja disfrazada de , pero al final terminaba montándome en su bici y llevándome con ella , ahí me despertaba, chillando super agitada, llorando y llamando a mi padre el cual venía me cojia y me llevaba a su cama yo dormía con mi madre y el se iba a la mía, también soñaba que entraba a un bar repleto de hombres gordos, con sus caras rojas ensangrentadas de tanto beber y miraba al techo y veía sus almas podridas, eran sueños muy repetitivos... que me aterrorizaban, para mí llegar la noche era un autentico suplicio.


Mis pobres padres ya no sabían que hacer conmigo, los tenía verdaderamente agotados, entonces me llevaron al pediatra y este le aconsejó a mi padre que no me contara cuentos. Pobre hombre era un buen médico, pero estaba totalmente equivocado, mis terrores nocturnos no eran fruto de los maravillosos cuentos de mi 
padre.



Francis.